(i) indica que el enlace está en inglés
Injusticia Neoliberal Mediante Formas no Democráticas
Una de las razones fundamentales para oponerse a la globalización neoliberal es la ausencia absoluta de un proceso democrático en su implementación. Es evidente que el paradigma es inherentemente injusto y que está generando tremendas desigualdades en todas partes, ya que es un paradigma hecho ex profeso para beneficio de los centros de poder económico y político. Por ello, no se solicitó la aprobación de esta clase particular de economía de mercado ni a los ciudadanos de las naciones del Norte ni a aquellos de las naciones del Sur. En su lugar, los centros de poder y sus socios en la periferia han impuesto la globalización neoliberal sin el menor rastro de democracia en el proceso. Ciertamente, la globalización es intrínsecamente antidemocrática porque su significado es lo opuesto al concepto de diversidad en la elección y de la toma colectiva de decisiones. Y los gobiernos de la mayoría de los llamados países en "desarrollo" han aceptado y, a menudo, abrazado al neoliberalismo porque buscan permanecer en el poder obteniendo su legitimidad respaldando la agenda económica global del G7 en lugar de obtenerla de sus constituyentes.
Globalizando la parodia democrática
De esta forma, la explotación del Sur ocurre porque los principios originales de la democracia han sido completamente corrompidos mundialmente. Lo poco de democracia que existe se limita al proceso electoral y, aún éste, crecientemente se vuelve una farsa aún en las llamadas democracias maduras, tal y como el mundo atestó en las últimas elecciones federales estadounidenses. La vieja ágora griega, aquel lugar donde la sociedad supuestamente salda los conflictos entre intereses públicos y privados, ya no existe porque la mayoría de los intereses han sido privatizados y los gobiernos los discuten en privado con los dueños del poder económico.
Lo que en su lugar vivimos es una corpocracia u oligocracia. Sin duda, sin siquiera tomar en consideración todas las constantes violaciones de los más básicos derechos humanos, las poblaciones del Sur sufren de una traición absoluta en la gestión de sus economías, una conducta que constituye un robo descarado y un crimen enorme en contra de sus sociedades civiles. Con el objeto de asegurar flujos netos de capital para atender la carga de sus deudas, mantener a las economías en crecimiento y mantenerse en el poder, los gobiernos han entusiastamente aceptado las condiciones para la neoliberalización absoluta de sus economías exigidas por el "Consenso de Washington", el FMI y el Banco Mundial, a cambio de supuestas asistencias monetarias y para desarrollo. De esta forma, los gobiernos de estas naciones han promovido muy entusiastamente, entre las transnacionales del Norte, la explotación de sus fuerzas de trabajo como si fuesen una abundante materia prima. Han estratégicamente posicionado a sus países como proveedores de mano de obra barata y eficiente, al sistemáticamente deprimir la participación del factor trabajo y, por tanto, han conscientemente y sistemáticamente empobrecido a sus poblaciones con tal de permanecer en el poder. Esto constituye, en efecto, la restitución de la vieja relación centro-periferia entre las oligarquías locales en el Sur y los centros de poder económico en el Norte, precisamente lo que ha hecho posible la sucesión de eras coloniales y neo-coloniales desde los tiempos del mercantilismo.
Sin embargo, los poderes centro-periféricos y sus socios en el Sur se ufanan de llamar a esta oligocracia un proceso democrático siendo que esto no es más que la total globalización de la parodia democrática. La obligación más elemental de cada gobierno democrático, procurar el bienestar de todos los rangos de la sociedad, ha sido absolutamente traicionada, ya que el juego-suma-cero, donde las corporaciones globales obtienen de los gobiernos el ámbito más competitivo para enriquecerse a cambio de contribuciones monetarias, va directamente en contra del principio básico de la democracia de procurar el bienestar de todos. Más aún, la globalización neoliberal ha exhibido a Estados Unidos, su principal impulsor, como a un rudo imperio que tomará acciones unilaterales extremas para imponerle al mundo sus intereses nacionales, ergo, el interés económico de sus corporaciones globales. De esta forma, la confianza en la democracia representativa está en bancarrota a escala mundial, ya que vivimos en una corpocracia global con nuevas reglas dictadas por las corporaciones globales.
La inequidad nunca es opción mientras que la coexistencia sí lo es
Debemos tener presente que un principio central de la vida democrática es que los valores capitalistas no pueden prevalecer sobre los valores democráticos y el valor moral de la solidaridad humana, porque las personas no gozan de las mismas oportunidades ni compiten bajo términos de igualdad. Nadie elige las condiciones socioeconómicas ni políticas donde nace. Por tanto, si aspiramos a las coexistencia pacífica de todas las culturas, no podemos permitir un tipo de capitalismo donde la supervivencia del más apto prevalezca, porque si rechazamos a la solidaridad humana y a la coexistencia pacífica, entonces sólo podremos esperar conflictos sin tregua y la destrucción humana. No hay duda de que estamos presenciando una explosión creciente de conflictos, no sólo entre las diferentes regiones y culturas del mundo sino también dentro de los países, los cuales están experimentando altos niveles de disolución social, porque los gobiernos han hecho una parodia de la democracia y solamente se dedican a proteger sus muy privados intereses.
Democracia Participativa Directa
Sin menoscabo de los argumentos expuestos, una economía de mercado, a pesar de sus muchos defectos, bajo un marco genuinamente democrático, ofrece a los individuos la oportunidad de desarrollar libremente sus talentos y ganarse la vida en armonía con la naturaleza humana. Por ello, mediante nuestro pensamiento colectivo, el tomar las mejores idea sobre la justicia social y la economía de mercado nos brindará una concepción balanceada del sendero correcto hacia un desarrollo sustentable y democrático. Esto apunta de manera natural hacia la involucración directa y permanente de la sociedad civil organizada en la gestión de toda materia pública mediante el desarrollo de la democracia directa y participativa, como crecientemente veremos suceder en todos los aspectos de la vida en lo años venideros.
